Por Angel Estévez  y  Sandra Martin-Lara:

«Cogimos de nuevo la mochila y nos apretamos en un autobús camino a Mazinde, donde esta emplazado el aserradero que esta produciendo la madera para la estructura del comedor de Eretore, de nombre Usambara Cypress furniture Company (o Tembo Timber). El aserradero es una antigua factoría estatal recuperada recientemente por un inversor extranjero, que ha reflotado la industria volviendo a proporcionar trabajo a los lugareños y volviendo a producir productos de madera local; lo cual es una suerte para nosotros también. Durante la visita pudimos comprobar todo el proceso de transformación de la madera, desde su tala y recogida en las altas montañas Usambara, hasta su canteado y secado. La verdad es que nos impresionó la dimensión de la factoría, que daba trabajo a más de cien personas, a pesar de estar funcionando al 50%. Cabe decir que las montañas Usambara albergan una gran zona boscosa donde abunda le ciprés y el pino y que parecían ser una fuente casi inagotable de recursos madereros; lo que augura un futuro prometedor para la industria maderera si se introduce en el incipiente mercado de la construcción Tanzanés. El país tiene un déficit importante de vivienda, directamente proporcional a la pobreza crónica que padecen algunas zonas (esto daría para otro post del Blog, así que lo dejamos aquí). En todo caso, nos dimos cuenta rápidamente, al visitar otras partes de las montañas Usambara como Lushoto, que, como casi todos los recursos, evidentemente no son inagotables, y en este caso las frondosas montañas están padeciendo una progresiva desertización motivada por la presión demográfica. Nos consta que se esta teniendo una especial atención, tanto por parte de las autoridades como de la misma industria maderera, en realizar una explotación controlada y responsable de la madera, así como de los asentamientos que van restando hectáreas de bosque año tras año.

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Como decíamos, visitamos el aserradero desde la planta de producción, donde se aserra se clasifica y se encolan las maderas hasta el alto bosque donde se talan los arboles. Esta zona esta a unos 200m por encima del nivel de la factoría y los troncos son transportados a bajo mediante un ingenioso sistema teleférico que funciona solo por gravedad. El peso de unas maderas hace descender una plataforma del teleférico y a la vez hace elevarse a la otra plataforma, que recogerá más troncos al llegar arriba. Y como veis en la foto, subimos al bosque en una de las cabinas mientras la otra descendía cargada de troncos. No apto para personas con vértigo.

Nuestro anfitrión fue el Executive Manager de la Usambara Cypress furniture Company, Jorn broere, un jovial holandés que vive con su familia enfrente de la factoría, y que ha sido nuestro interlocutor a lo largo de todo el proceso de encargo de la madera. Después de la visita discutimos con él y con el jefe de producción, el Sr. Kanyala, algunos temas que nos preocupaban sobre los paneles y sobre la capacidad resistente de algunas maderas. Además de negociar precios y la incorporación de nuevos perfiles de madera. Como recordareis, habíamos recalculado y decidido incorporar más bigas en la cubierta para asegurarnos la rigidización y arriostramiento de asta ante los fuertes vientos de Arkaria. Era una decisión totalmente indispensable e irrenunciable, debíamos incorporar las bigas así que no hubo mucha discusión al respecto.  También pudimos ver, ya acopiada, parte de la estructura de madera del comedor de Eretore. No sabéis la profunda alegría que te da ver el material ya preparado, es casi parecida a cuando ya esta colocado…quizás algo más ilusionante, porque a pesar de que es ya algo físico, aun te permite fantasear con como quedará una vez construido.

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Como veis la estancia en Tembo Timber fue una experiencia muy instructiva y útil, además de tranquila y relajada, nada que ver con la vuelta a la obra en Arkaria. La ejecución de los muros de los cimientos avanzaba lentamente y Sandra se dio cuenta de que no se habían ejecutado dos de los huecos de ventilación para el forjado sanitario, no se podía fallar ni dos días. Además, comenzaba la temporada de lluvias y el miércoles se presentó con toda la intensidad.

En Arkaria llueve poco, pero cuando lo hace, los caminos se vuelven unos fangales prácticamente impracticables. El barro se llega a enganchar por debajo de las zapatillas con gruesos de hasta 10cm y es imposible caminar. Sandra y Maria tuvieron que dejar el 4×4 a varios kilómetros de la aldea y caminar descalzas para poder llegar. Las zanjas de la cimentación eran una piscina, no se podía prácticamente trabajar, y además se habían acabado las piedras talladas que se acopiaban al lado de los cimientos, un desastre. Así que se decidió volver a Arusha para comprar material y hacer tareas organizativas. La obra se retrasará aun más.