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Eretore Dining Hall, primeros pasos

Eretore Dining Hall, primeros pasos

Por Angel Estévez y Sandra Martin-Lara

El vuelo fue aburrido e incomodo como lo son todos los viajes largos en avión, pero al llegar al polvoriento aeropuerto de Kilimanjaro, todo el sopor y el cansancio se transformaron en excitación. Casi había olvidado el objeto de tantas horas de vuelo: la construcción de un precioso edificio para la comunidad Masai. Solo imaginar el reto que supone construir un proyecto de Casa S_Low en Tanzania, de manera completamente manual,  involucrando en la construcción a la comunidad que lo va a usar, que además es una de las más castigadas de la zona como son los Masais de Arkaria; la euforia comenzaba a apoderarse de mi.

Maria y Mibaku me acogieron con los brazos abiertos en su casa de Arusha, donde Sandra tenía su campo base y desde donde se atacaban los frentes de nuestro trabajo.

Sandra va ha estar en Tanzania los 4 meses que va a durar la construcción dirigiendo la obra día a día; y es que aquí, el seguimiento tiene que ser exhaustivo si se quiere obtener un buen resultado, a lo largo de estos post veréis porque.

Maria, de Salamanca, y Mibaku, Masai de la misma Arkaria, son los gestores de la Asociación Eretore que llevan adelante el proyecto pedagógico y de género dentro de esta comunidad. Son nuestros clientes y a la vez nuestros compañeros en el trabajo así como nuestro enlace con la comunidad. Sobretodo Maria, que se encarga de facilitar y gestionar toda la logística que envuelve a la construcción, compra el material, el transporte, contrata el personal, etc. y soluciona todo tipo de malentendidos, que como leeréis, son bastante frecuentes.

Al segundo día de mi llegada, ya nos dirigíamos a ver la obra que está emplazada en la aldea Arkaria, a 2 horas de Arusha. El proyecto que vamos a construir, como explicábamos en el anterior post, es un comedor, sala de reuniones y biblioteca para la escuela existente.

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Solo llegar al emplazamiento Sandra se dirigió a la obra para comentar los trabajos del día y pasar revista de la tropa que esta compuesta por: un Fundi (constructor en Suajili) de nombre Robert, acompañado por sus dos ayudantes Luis y Ima; varios trabajadores Masais de la zona, (que van disminuyendo o aumentando en número dependiendo de la dureza del trabajo) y un interprete Masai de la aldea, Lele, que habla inglés, Suajili y lengua Masai,  un elemento indispensable en la Babel en que se ha convertido esta obra. El equipo, como veis, es bastante variopinto, pero el ánimo del pelotón suele ser bueno a pesar del severo trabajo manual.

Nos hemos involucrado literalmente en el trabajo ayudando con lo que podemos, y además convivimos día a día con los trabajadores, y eso ha generado una confianza, y un ambiente de trabajo muy implicado, a la vez que distendido. Para los locales, no es común ver a un muzungu (extranjero en Suajili), y menos a una mujer, trabajando codo a codo en la obra, y se palpa un respeto ganado a pulso. Incluso una de las profesoras Masai, Naomi, se ha animado a participar también en la construcción. De hecho este es uno de los objetivos del trabajo, involucrar a la comunidad. Pero esta intención no es fácil de alcanzar, a pesar de que es obvio que la construcción del comedor-biblioteca es en beneficio de la aldea, a veces la intervención interesada de algunos individuos, y otras veces las barreras culturales dificultan este propósito.

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Sin ir más lejos, el primer paso de la obra, que fue definir el emplazamiento exacto y el replanteo del edificio, ya supuso un quebradero de cabeza para Sandra, hasta el punto que tuvo que replantear dos veces sobre el terreno, atrasando varios días el inicio de la obra. Cuando la comunidad había decidido el lugar donde se iba a levantar el edifico, obviamente cerca de la escuela existente y se habían hecho los trabajos de replanteo, aparecieron dos Masais diciendo que hay no se podía ubicar el edificio, que se tenia que construir mucho más lejos de la escuela. Algo aparentemente absurdo, pero que, después se supo, respondía a una lógica desconocida por nosotros: se trataba de que el espacio comprendido entre el comedor y la escuela, era el que la comunidad iba a destinar para otros equipamientos de la aldea. Entonces, cuanta más distancia entre la escuela y el comedor, más espacio colectivo. La colocación de una vaya o señal delimitadora no servía, tenia que ser el mismo edificio, así que finalmente, contra toda lógica organizativa del espacio, Sandra tuvo que ubicar el comedor bastante lejos. Los niños tendrán que caminar un poco más para ir a comer.

pican-pedra

A nuestra llegada el lunes, el proyecto se encontraba en la fase de movimiento de tierras, que se hacían a pico y pala, así que la obra avanzaba penosamente. Se estaban excavando unas zanjas de 80cm de profundidad para poder hincar bien la construcción sobre el terreno. A pesar de que nos parecía poco, ya que las tierras son muy arcillosas, esta es una cimentación insólita para la tradición constructiva del lugar que apenas profundiza en 20 o 30 cm, cuando no prescinde directamente de la cimentación. En paralelo se estaban picando, con un mazo, unas piedras situadas a unos 100m de la obra, así que el trabajo discurría entre un ir y venir de carretillas de piedras, y entre paletadas de tierra, y así llego el atardecer. Los Masais que trabajaban en la obra se fueron hacia sus Bomas (choza Masai), y Robert, Luis, Ima, Sandra y yo nos preparamos para hacer la cena en un hornillo en la misma escuela donde los constructores y Sandra se alojan mientras dura obra. Enseguida nos atrapo la noche y con la oscuridad se acabó la jornada. En la aldea no disponen de electricidad ni agua corriente, así que cuando el sol se va, poco se puede hacer. Si el cielo esta estrellado se puede contemplar largo tiempo en silencio acompañado solo por el viento y los grillos, y si hay animo, se puede charlar un rato o leer con una linterna, pero sin abusar de las pilas, no vaya a ser que se acaben.

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